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Profesionales de la Salud en Colombia: Súper Héroes o Mártires en Una Sociedad insensible.

por Giancarlo Leal

11 de mayo de 2020

La plaga mundial que afecta al mundo ha revelado notoriamente  la poca importancia que los gobiernos en la era de la globalización le han dado a la ciencia y a los sistemas de salud. Son sectores huérfanos y sometidos a la fatalidad de un destino, sin recursos, que poco a poco han sido degradados de derechos a simples mercancías.

En el país del Sagrado Corazón, el personal científico y con mayor severidad los trabajadores de la salud han sufrido en carne propia 30 años de neoliberalismo, que bajo la ley 100 ha conducido a inmensas privatizaciones de infraestructura médica esencial, intermediación financiera a través de las EPS, inmensa corrupción con la plata de la salud, y sobre todo una intensa precarización de las condiciones laborales de los trabajadores de este vital sector.

Hoy un gran porcentaje  de los mártires de la salud son explotados física, económica y sicológicamente,  tienen sobrecarga laboral, contratos de prestación de servicios y no laborales, son mal pagos, actualmente son discriminados por sectores indolentes e insensibles de la sociedad y para rematar les demoran sus cuentas de cobro por meses, la estabilidad laboral es paupérrima, muchos no tienen seguridad social, y ni siquiera les suministran los elementos de bioseguridad mínimos que requieren la atención de enfermedades tan contagiosas como el Covid-19.

Muchos colombianos resaltamos con ahínco la labor de estos superhéroes y hemos  enaltecido su faena, pero el gobierno nacional, la ley 100, las ARL y el sistema de salud en general los han mandado a la guerra y/o casi muerte, sin los equipos necesarios, exponiendo su vida y la de sus familias a cambio de seguirlos maltratando con pésimas e indignas condiciones laborales.

El conjunto de heroínas y héroes del país cafetero que le pone el pecho de frente a la brisa pandémica del coronavirus, está conformado en un 73% por mujeres, tienen el derecho a recibir todos los elementos necesarios para su protección que le permita reducir su riesgo de contagio. Médicos, bacteriólogos, terapeutas, psicólogos, enfermeros, camilleros, asistentes, conductores de ambulancia, paramédicos,  y demás profesionales, técnicos y auxiliares que laboran en el entorno médico son verdaderos superhombres y semidiosas y debemos tratarlos como tal. Eso implica destinar los recursos que sean necesarios para proteger la vida de nuestra primera línea de batalla contra el virus.

En ese orden de ideas,  requieren de acompañamiento profesional psicológico, que resulta determinante como lo han demostrado los casos de los países europeos donde el personal médico presenta problemas de ansiedad, estrés postraumático y depresión por la grave situación a la que se ven expuestos y a la que se suma la estigmatización y persecución de las que son víctimas por algunos de sus vecinos. Conducta absolutamente estrecha, egoísta y reprochable.

El gobierno nacional debe ante esta pandemia ser humano y racional, implementando políticas preventivas efectivas en pro del no contagio de nuestros compatriotas, también es necesario ser un poco más pétreo en las sanciones a los que no acaten las normas establecidas y sobre todo demostrarle a Latinoamérica y al mundo que Colombia a pesar de su tercermundismo, cuenta con investigadores calificados para expedir conceptos y opiniones que ayuden a combatir este flagelo.

En plena emergencia de salud, nos damos cuenta de cuánta razón tenían el movimiento de las batas blancas de 2014 y todos los profesionales y trabajadores de la salud que han salido a protestar durante años por mejoras en sus condiciones laborales, así como las inmensas movilizaciones del 21 de Noviembre donde se oía retumbar como un himno que “primero lo primero, salud y educación”.

La salida definitiva: Derogar la ley 100 que privilegia el negocio sobre el derecho a la salud. Cambiar el modelo ya. Y no se trata de estatizar el sector ni mucho menos de volver al modelo anterior del Seguro Social, pues se necesita el concurso de hospitales públicos y privados. El problema son las EPS que son unos intermediarios que se roban la plata como lo han demostrado los escándalos de Saludcoop, Cafesalud y Medimás  y la tercerización de los trabajadores.

Es necesario entonces que el Presidente de Colombia tome medidas efectivas que garanticen las condiciones de seguridad del personal de la salud y ordene el giro directo a las clínicas y hospitales, prescindiendo de la intermediación de las EPS como lo han  propuesto senadores como PETRO y ROBLEDO, así como Elaborar  un patrón de salud alternativo que inicie por fortalecer prevención y promoción, con acciones de salud pública que actúen sobre determinantes sociales del proceso de salud, con una red de prestadores fuerte, y sobretodo garantizar condiciones dignas para los trabajadores que se dedican nada menos que a salvarnos la vida.

Por. Mg. GIANCARLO LEAL OROZCO

Abogado

Docente Universitario.

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